Mario quiere trabajar. Uno de los galanes por excelencia del género se encuentra sin trabajo y en una situación económica delicada. Le honra reconocerlo y pedir trabajo. Le honra haber entrado en un programa de Telecinco para explicar que no pasa por un buen momento.
Hace unos días, Mario Cimarro aparecía en la televisión no como actor, sino como Mario, para pedir trabajo en España. Asegura que lleva cinco años en barbecho, desde que rodó aquella segunda parte de Pasión de gavilanes. Se arrepiente de haberlo hecho, pues considera que no fue, ni mucho menos, lo que se esperaba de una segunda parte de tan legendaria historia. No pasa nada, Mario, todos nos equivocamos. Sostiene que una mano negra le impide trabajar, pero reconoce, entre líneas, que esa mano negra puede ser su propio carácter. O, al menos, el que tuvo en otra época, en la que discutió con algunos compañeros y compañeras y fue expulsado de una telenovela a unos cuantos capítulos del final. No pasa nada, Mario, todos nos equivocamos. A su favor, señalaré que compensaba aquel carácter con un nivel de exigencia brutal para consigo mismo, como han reconocido otros compañeros y compañeras. Una de ellas, Danna García, quien puede presumir de haber compartido mucho tiempo de rodaje con Mario.
Como espectador y humilde bloguero, creo que Mario merece una nueva oportunidad. Ya no es el galán saturado por la fama. Ahora es un actor más maduro, capaz de marcarse un personajazo como el que hizo en Vuelve temprano hace diez años, para mí, el mejor de su carrera. Mario ya no es el Mario de hace veinte años. Mario es un nuevo Mario. Y dice mucho de él que reconozca sus errores y dé la cara para pedir trabajo. El Mario crecido por la fama no lo hubiera hecho nunca. Mario merece una nueva oportunidad. Nos la merecemos quienes hemos seguido sus trabajos desde aquel Luis Mario que le dio visibilidad internacional hace casi un cuarto de siglo. Productores y personas del medio en España o al otro lado del océano, dadle esa nueva oportunidad.

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