Reconozco que me gusta mucho sorprender a los y las jóvenes que pasan por mis manos con contenidos que no se esperan. Siempre que doy clase en 4º de la ESO he de ver, porque así lo estipula la ley, el español en América. Una vez visto, me aparto de la ley para explicar algo relacionado con ello, en función de un parámetro: escojo una telenovela emitida en España en el año de su nacimiento. En esta ocasión, era 2010. Y en septiembre de 2010 se estrenaba en España El Clon.
En concreto, el 21 de septiembre de 2010, un día después de que naciese Mateo, que se llamó Mateo pese a haber nacido el 20 de septiembre y no el 21, festividad de San Mateo y fiesta patronal en Oviedo, donde han nacido muchos de estos chicos y chicas.
El Clon me permitía abordar un sinfín de cuestiones, concentradas en un par de clases. De una parte, el español neutro como estándar creado por la industria audiovisual para producir series, películas o telenovelas con actores y actrices de distintos puntos del continente americano. En ese sentido, fue una delicia observar que mis conejillos de Indias no distinguieron nada particular entre las formas en que hablaba Sandra Echeverría, Juan Pablo Raba, Daniel Lugo o Roberto Moll, por poner tres ejemplos, escogidos con todo detalle, a partir de sus nacionalidades.
De otra, esta telenovela es de las pocas que permiten hablar de los límites de la ficción. Si se parte de que la ficción imita a la realidad y de que debe ser verosímil, como defienden los teóricos de la ficción literaria, ¿puede una obra audiovisual romper esos límites y hacer algo que desdibuje la realidad y tenga una verosimilitud cuestionable? El debate estuvo servido. De hecho, en la introducción que hice de la telenovela, tardó en salir la posibilidad de que Daniel, que llega en la segunda parte de la historia, fuese un clon de Lucas. Les costó llegar a ella, tras un sinfín de opciones que iban desde el hijo perdido a un hermano e, incluso, a un joven que se parecía, sin más, al protagonista. Tampoco entendían que todos fuesen actores y actrices hispanoamericanos pero la historia se ambientase parcialmente en Marruecos y que los personajes hablasen en español salpicado por el árabe.
La situación de aprendizaje tuvo, además, un componente social. Una gran futura pediatra, Faida, descendente de marroquíes, se reconoció en la protagonista y en determinados aspectos relacionados con su ansia de libertad.
Para el visionado de la telenovela en clase opté por una explicación del argumento y un total de siete escenas que sumaban unos veinte minutos de duración. Fue desarrollada en dos sesiones y el debate estuvo servido sobre los puntos ya citados y otros muchos que fueron surgiendo. Y sí, no habría sido posible de no haber tenido ese S4C tan extraordinario y predispuesto a cualquier cosa. Orgulloso de que haya gente joven con tantísimo talento, respeto, educación e interés por aprender.
.jpg)
Comentarios