Para mí, una de las grandes sorpresas del 2025 fue Papás por conveniencia. Recuerdo haberla visto a comienzos de año y haberme enganchado a esta telenovela, que no estaba entre mis planes. Quizás por aquel buen sabor de boca que me dejó celebré que se hiciera una segunda parte a la par que temí por el rumbo que podía tomar la historia. Así llegó Papás por siempre, que vi entre diciembre del año pasado y marzo de este. Tras un tiempo prudencial para reflexionar sobre algunos asuntos que conciernen a la telenovela, aquí os ofrezco su crítica.
¡ATENCIÓN! Si no has visto esta telenovela, pero tienes pensado hacerlo, resérvate esta crítica para cuando la veas. Puede contener spoilers, al igual que los comentarios.
Cinco años después, los Guevara Mosqueda viven felices con su familia reconstruida, a la que se ha sumado Alexander, el hijo que tuvieron Aidé (Ariadne Díaz) y Tino (José Ron). La muerte inesperada de doña Bertha (Leticia Perdigón) abre, sin saberlo, una tempestad en la familia, con la llegada de don Hernán (José Elías Moreno), el padre de Tino, acompañado de Melina (Altair Jarabo), una joven que asegura haber tenido un hijo con Tino trece años atrás. Lo que Tino y Aidé desconocen es que abrirles las puertas de su casa será un grave error.
Paralelamente, la vida transcurre plácidamente para Clara Luz (Daniela Luján) y Rudolf (Martín Ricca). Sin embargo, un día descubren, entre varias cajas de Silvana (Sherlyn) que Pipe no es hijo único, sino que la genetista concibió dos criaturas con el material genético de Clara Luz y Rudolf, lo que les lleva a buscar a ese segundo niño.
Chano (Miguel Martínez), por su parte, afronta solo la crianza de sus hijos, tras ver partir a Lichita (María Chacón), asesinada meses antes.
México. Televisa, 2025.
82 capítulos.
PRODUCTORA EJECUTIVA: Rosy Ocampo.
GUION: Pedro Armando Rodríguez, Gerardo Pérez Zermeño, Alejandra Romero Meza, Humberto Robles, Luis Fernández de Gamboa y Daniela Ochoa.
DIRECCIÓN: Benjamín Cann y Fernando Nesme.
Emitida en México entre el 13 de octubre de 2025 y el 1 de febrero de 2026.
·PERSONAJES Y ACTUACIONES·
Esta segunda parte mantiene el grueso del elenco de la primera y añade nuevas caras. Al frente repiten Ariadne Díaz y José Ron, que vuelven a demostrar la complicidad que tienen como Aidé y Tino. Hacen un muy buen trabajo, aun cuando el guion parece ir en contra de ellos, como os comentaré más adelante. También repiten Daniela Luján y Martín Ricca, como Clara Luz y Rudolf, de nuevo con una extraordinaria química. Miguel Martínez cierra el quinteto que se mantiene de la primera parte, como un Chano marcado por la muerte de su exmujer que Miguel sabe llevar muy bien.
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| Altair Jarabo es Melina |
Las incorporaciones las encabeza Altair Jarabo, que da vida a Melina, una villana de esas que tan bien se le dan a la Jarabo, obsesionada con lograr el amor de Tino. Siempre es un gusto ver a Altair y aquí lo es más, ya que en los últimos capítulos afronta un doble papel que le permite ofrecer una amplia gama de matices.
Una segunda incorporación es la de Juan Diego Covarrubias, que interpreta a Bill, el padre biológico de Emiliano, un tipo con muchos grises, que sin ser un villano, sí actúa en ocasiones como tal. Llevaba tiempo sin coincidir con Covarrubias y aquí da gusto verlo. Cerca de él se encuentra Adriana Llabrés, que toma el relevo de Adriana Fonseca para encargarse de Paulina, la exmujer de Tino. Buen trabajo, pero son inevitables las comparaciones. La Paulina de Fonseca era mucho más sosegada y humana que la de Llabrés.
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| José Elías Moreno es Hernán |
Otras caras que se suman a Papás por siempre son las de Erika Buenfil y José Elías Moreno. Ella, como Gisela, la dicharachera madre de Aidé; él, como Hernán, el siniestro padre de Tino. Me han gustado mucho ambos, tanto juntos como por separado. Mención especial para José Elías, que nos ofrece un villano en toda regla. Junto a ellos se encuentra Jorge Alberto Bolaños, que da vida a Aurelio, en su regreso al género tras cinco años de ausencia.
La segunda parte de Papás por conveniencia también recluta a Pablo Valentín, Tania Lizardo, Michelle González y Francisco Rubio. Los dos primeros son Nazario y Prisma, un matrimonio en el que ella se encuentra totalmente sometida a él, un tipo violento y machista. Me quito el sombrero ante el trabajazo que se marca Pablo Valentín, posiblemente uno de los actores mexicanos más camaleónicos. Mis felicitaciones también para Tania. Michelle, por su parte, se encarga de poner un poco de chispa a la historia como Serena, una superdeportista que tiene una energía positiva envidiable. Se le nota lo mucho que disfrutó con este personaje. Otro que también disfrutó de lo lindo fue Francisco Rubio, que se mete en la piel de El Chacal, un peligroso expolicía vendido al mundo de la delincuencia.
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| Pablo Valentín es Nazario |
Como en la primera parte, la telenovela cuenta con un elenco juvenil para quitarse el sombrero. De los hijos de Aidé y Tino solo repiten Victoria Viera y Emilio Beltrán, como Circe y Ulises, dos jóvenes que muestran una madurez mayor que la que tenían cinco años antes, pero que no por ello dejan de tener problemas, en un momento vital en el que se sienten ya adultos, pero no lo son del todo. Algo similar les sucede a Sergio y Chofis, los hijos mayores de Chano y Lichita, que vuelven a caer en manos de Joaquín Bondoni y María Perroni Garza. Excelente trabajo el de los cuatro. También repite Natalia Álvarez, como Yeni, la amiga de Chofis que solo le trae problemas.
Entre las novedades de ese elenco juvenil se encuentran Alejandra Zaid, que da vida a Lila; Íker García Meza, que hace lo propio como Emiliano; Diego Escalona, que interpreta a Iker, todos ellos hijos de Tino, y Checo Perezcuadra, que interpreta a Poncho, el hijo de Serena. Me he sentido muy mayor al ver cómo han crecido Íker, al que yo recordaba como Tadeo, de Vencer el desamor; Diego, que la última vez que lo vi fue como un niño en La Doña 2, y Checo, que era el hijo de Camila Sodi y Marcus Ornellas en Falsa identidad.
Cierran el elenco tres niños: André Sebastián, que es Chuchito, el hijo menor de Chano y Lichita, y Gabriel Rolón y Luciana Loera, que dan vida a Pipe y Natalia, los hijos de Clara Luz y Rudolf.
Me ha encantado ver, aunque fuese a través de sendas participaciones especiales, a María Chacón y Lambda García, con esa historia de amor truncado entre Lichita y Facundo.
PERSONAJES y ACTUACIONES: 2/2
·TRAMAS·
Papás por siempre no tiene la complejidad argumental de Papás por conveniencia, si bien intenta imitarla, con unas cuantas tramas marcadas por el misterio y los giros de guion. Es ahí donde se nota que quizás la primera parte de esta historia tuvo más tiempo de preparación que la segunda. Aun así, no tiene un mal arco argumental, pese a que haya tramas muy cuestionables.
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| Aidé y Tino llevan cinco años casados |
El guion empieza a jugar con el espectador desde el primer capítulo. El detonante aparente de la acción es la muerte de doña Bertha y la llegada de Iker, Melina y Hernán a la casa de los Guevara Mosqueda. Todo se complica para Aidé y Tino con la aparición de un hijo del que Tino no tenía conocimiento y de una antigua compañera de trabajo que es la madre de ese adolescente y que, desde el primer minuto, parece tener mucho que ocultar. Lo que parece el punto de arranque no lo es tanto cuando, conforme avanza la historia, conocemos que en los cinco años transcurridos entre la primera y la segunda parte, algo pasó con Lila que ha marcado a la familia para siempre. Algo que solo conocen, además de la propia Lila, Aidé, Tino y la fallecida doña Bertha.
Como os decía, el misterio está servido desde el primer capítulo y no solo en la vida de Aidé y Tino, también en la de Clara Luz y Rudolf, que afrontan una nueva paternidad desconocida, tras enterarse, por casualidad, de que Silvana engendró dos niños con el material genético de ambos y no uno, como ellos y nosotros, los espectadores, creíamos. Misterio es también lo que rodea la muerte de Lichita, esa que ha dejado a los Chagoyán moralmente hundidos y a los espectadores, un tanto desconcertados. En ese sentido, creo que se acertó más con la muerte de Lichita, ya que María Chacón no podía comprometerse para algo que no fuera una participación especial, que con el cambio de actriz en Paulina. Argumentalmente, me parece una solución más apropiada matar al personaje que seguir exprimiéndolo con cambio de actor o actriz. Cosa distinta son los niños y el cambio de actor o actriz por el paso del tiempo.
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| Melina seduce a Tino, con el que se obsesiona |
El amor sigue rigiendo esta historia, con tramas románticas que tienen un halo de Papás por conveniencia. Los espectadores adoramos a Aidé y Tino, pero no tanto que Tino no haya aprendido la lección después de lo vivido con Fabiola y en esta segunda parte se deje enredar por Melina, que en su obsesión con Tino recuerda mucho a Fabiola. Lo mismo se puede decir de Aidé, que cae en las redes de Bill, que en algunos aspectos da vibes de Dámaso. Aun así, Aidé y Tino se quieren y, pese a todo, es evidente que deben estar juntos, como juntos han de estar Clara Luz y Rudolf o Chano y Serena. Muy interesante, respecto de estos últimos, la manera en la que el guion aborda determinados micromachismos a través de Chano.
Las tramas juveniles son lo que esperábamos de esta historia y continúan, en cierta manera, lo visto en la primera parte. Es un acierto que Ulises aparentemente haya superado los abusos que vivió y que explore su sexualidad, aunque con prácticas cuestionables. También es un acierto que Circe lleve un golpe brutal contra la realidad en el momento en que decide abandonar la casa de sus padres. La enfermedad degenerativa de Emiliano sigue abordándose sin tapujos, con otro plus argumental: la llegada de Bill para aportar información sobre ella.
En líneas generales, y como os decía al comienzo de este apartado, Papás por siempre tiene un buen arco argumental, que incluye una serie de tramas controvertidas. Una de ellas, la que traza Melina y que implica a una segunda persona, en un giro argumental muy clásico, el de la villana que tiene una gemela cuya identidad ha suplantado previamente. No es una mala trama, pero se cometió el error de reservar su explotación para el final cuando, quizás, la verdadera Melina debió haber hecho acto de presencia mucho antes y así también hubiéramos disfrutado un poco más de Altair Jarabo en ese doble personaje. Por cierto, poco antes nos enteramos que Iker no es hijo de Tino… ¡sino de Hernán! Es, posiblemente, el mejor giro de guion de esta segunda parte, muy bien justificado además, ya desde el primer capítulo, cuando Tino afirma recordar haberse acostado con Melina… y haber usado preservativo.
Otra de esas tramas cuestionables es la que afecta a Alexander, el pequeño de los Guevara Mosqueda. Para mí, una trama mal planteada y peor ejecutada, que alguien tuvo que haber cortado de raíz. Entiendo que los guionistas querían ser valientes, porque esta historia es una telenovela valiente en muchos sentidos, pero no como para hacer creer al espectador que Alexander es hijo de Aidé y Tino y, unos cuantos capítulos después, revelar que es hijo de una Lila adolescente, un hijo que ella no quería tener, pero que Aidé y Tino prácticamente la obligaron, para así quedárselo ellos y cubrir el hueco que les había dejado la muerte súbita de su anterior bebé. Entiendo que el propósito de los guionistas era algo así como mostrarnos la debilidad de los personajes en un momento vital complicado, con una trama arriesgada, pero el efecto que causa en el espectador es totalmente opuesto. Da rabia por Lila y da aún más rabia por dos personajes principales que sí, eran humanos, pero que pierden toda la humanidad que podían tener con esta acción, que, como no podría ser de otra manera, no tiene consecuencias ni para Aidé ni para Tino.
Tramas concretas aparte, el ritmo narrativo es bueno, aunque siento que ligeramente más flojo que el de la primera parte. Se agradecen las conexiones con aquella, que permiten conocer el final de Guzmán o qué fue de Jason, el exmarido de Paulina.
El final, algo apurado, permite cerrar esta historia que no tendrá ninguna continuación añadida. Realmente, y una vez vista, esta segunda parte podría haberse dejado sin hacer. Es totalmente prescindible, si bien ya sabéis que soy de los que cree que vale más el recuerdo de lo bien hecho que reabrir una historia terminada por todo lo alto para destrozarla en algunos aspectos.
TRAMAS: 3,75/5
·MÁS COSAS·
Papás por siempre es una telenovela de Rosy Ocampo y se nota en la calidad audiovisual que tiene. Sin embargo, a diferencia de la primera parte, esta segunda da la impresión de haber contado con un menor presupuesto. Ejemplo de ello son los decorados que dan forma al interior de la casa de Tino y Aidé. Después de haberlos tenido viviendo en una supermansión vanguardista, de la que usaban estancias reales, da cosa verlos en un decorado lleno de colores que no encaja en absoluto con el exterior de la casa, que, por cierto, es la misma que Rosy ya alquiló para Mentir para vivir, ahora Sobreviviendo a ti. Lo mismo cabe señalar de otros decorados, como el piso en el que residen Clara Luz y Rudolf, o el interior de la oficina de Maximax, nada que ver con las oficinas que manejaban en Maxiclic.
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| Aidé y Tino, en la cocina de su casa |
Más allá de esto que os comento sobre los decorados, la telenovela es muy agradable de ver, con una iluminación y una fotografía excelentes. Nada que objetar al vestuario, pero sí a la musicalización. Tras una primera parte con una banda sonora extraordinaria, esta segunda se queda a medio gas. El tema principal es Mis 36, de Pablo Alborán, y más allá de él no hay canciones compuestas específicamente para esta continuación ni tampoco versiones de clásicos infantiles como las que sí se hicieron para Papás por conveniencia.
MÁS COSAS: 2,75/5
En resumidas cuentas, Papás por conveniencia podría haberse quedado tal y como terminó. Papás por siempre se antoja una continuación innecesaria y prescindible para quienes vimos, y disfrutamos, de la primera. Merece la pena verla por algunos de los nuevos personajes, como Melina, Bill, Nazario, Prisma o Hernán. También por el buen ambiente que hubo en las grabaciones y que traspasa la pantalla. Por lo demás, lo que se cuenta en Papás por siempre bien podría haber dado para una telenovela original que no tocase el buen recuerdo de otra historia original, esa primera parte de la que surge.
·PUNTUACIÓN FINAL: 8,3·
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