Las estrategias de programación para las telenovelas han cambiado radicalmente en los últimos años y no, como cabría pensar, por la influencia de las plataformas. Las cadenas de televisión se empeñan en ver en la telenovela un género capaz de rellenar horas y horas de cualquier día de la parrilla. Se olvidan de que este es un género que surgió para su emisión diaria, de lunes a viernes, a razón de capítulo por día. Y es que es así como aún hoy se siguen produciendo.
Hay ejemplos flagrantes en cualquier cadena. Si miramos a La 1 de Televisión Española, es habitual que hagan con Valle salvaje y, particularmente, La Promesa, lo que les viene en gana. Tardes en las que se suprimen, saltos al prime time, repeticiones de lo emitido en prime time por la tarde… En la TDT, más de lo mismo. Nova emite ahora telenovelas de lunes a viernes, de miércoles a sábado o sábados y domingos. Estas últimas son las más castigadas: La madrastra, estrenada el pasado sábado a las 18:00 h., se emitió ese día hasta las 0:30 h. No tiene sentido alguno quemar así el producto.
La imagen que ilustra este artículo es un despropósito que ejecuta diariamente Divinity. El canal de Mediaset se hizo con los derechos de Pasión prohibida… ¡para emitirla a las 6:30 h.! Y la emite de dos en dos: dos capítulos antes de las 7:50 h. y otros dos, a partir de las 8:20 h. Entre medias, un programa de televenta que interrumpe la emisión de la telenovela durante media hora. Entre el horario y esta hazaña, que nunca había visto, se han gastado dinero para tener un relleno, que es como están tratando a la telenovela. De relleno también saben los de Squirrel2, que este año compraron los derechos de Ángel rebelde y Gata salvaje para rellenar la parrilla matinal y no les tembló el pulso para cancelarlas menos de tres semanas después, aludiendo bajos índices de audiencia.
Recuerdo que muchos nos indignábamos ante la estrategia sándwich, aquella por la que introducían un estreno justo antes de la telenovela que estaba por acabar, y que obligaba a que esta última viese sus últimos capítulos reducidos a quince o veinte minutos, con suerte. Eran otros tiempos, en los que todavía se cuidaba un poco más aquello que se emitía, aunque la forma de emisión no fuese la más apropiada.
Hoy en día las propias cadenas le están poniendo la etiqueta contra la que muchos luchamos desde hace años: las telenovelas no son un género de ficción de segunda. Ni ellas ni ningún otro producto audiovisual. Pero como tal, nos las están tratando, al menos en lo que a estrategias de programación se refiere.

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