Mañana, día 19, se estrena en México Doménica Montero, la apuesta estelar de Televisa, una versión de la telenovela homónima de los años 70, que ya contó con otros dos remakes: La dueña (1995) y Soy tu dueña (2010), ambos producidos por Televisa.
Doménica Montero llega a México después de varias semanas de emisión en Estados Unidos, donde está cosechando un gran éxito.
Hace unos días, en una tarde libre, aproveché para ver el primer capítulo de esta telenovela. Cabe comentar que no vi ninguna de las versiones anteriores, aunque conozco, a grandes rasgos, lo fundamental de esta historia.
Doménica Montero arranca en un orfanato. Allí conocemos a la protagonista, una joven adinerada cuyos padres fallecieron tiempo atrás. Angelique Boyer interpreta a esa joven, en un papel que le queda como anillo al dedo, al menos en cuanto a su perfil actoral y edad. Es en el orfanato donde Doménica conoce a Max (Iván Amozurrutia), de quien se enamora y con quien se compromete. Me gusta Iván como este personaje, que, entiendo, tendrá tintes antagónicos. Lo que Doménica desconoce es que Max es, en realidad, el novio de su prima Kiara, que siempre la ha envidiado, y que ha urdido toda una estratagema para hundirle la vida a través de Max. Scarlet Gruber vuelve a hacer maldades con este personaje, que ya desde el principio transmite cinismo.
En paralelo a ello, Luis Fernando (Marcus Ornellas) asume con desolación que a su esposa Paula (Alejandra Robles Gil) le quedan pocos meses de vida. Su único consuelo es el hijo que ambos van a tener, a través de gestación subrogada, con la hermana de Paula como gestante. Tenía mis dudas con Marcus, pero me ha convencido.
En algún momento, más adelante, los caminos de Doménica y Luis Fernando se cruzarán. Y pasará, como todos imaginamos, con esa hacienda que Doménica tiene y en la que se enamoraron sus padres.
El primer capítulo suma unos cincuenta minutos de duración y tiene un ritmo narrativo formidable, en el que se apuesta por la presentación de los personajes, aunque sin renunciar a la acción. Y lo importante, deja con ganas de seguir viéndola.
Esta nueva versión corre por cuenta de Carlos Bardasano. Su experiencia en W Studios hace que tenga una factura impecable. La realización es, sencillamente, perfecta, con abundantes exteriores, que van desde la mansión de Doménica, reutilizada de Para volver a amar y Mi camino es amarte, al orfanato o el ruedo en el que Doménica monta a caballo. La fotografía es sublime. En general, es una telenovela que se disfruta mucho visualmente, ya que entra por los ojos.
A ver cómo le va en México y si replica o no el éxito que está cosechando en Estados Unidos. A mí, he de reconocerlo, me ha despertado interés. Quizás me anime a verla, aprovechando que no vi ninguna de las versiones anteriores y que esta, según he leído, tendrá 50 capítulos.





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